Cada vez más personas utilizan aplicaciones móviles para encontrar pareja, Tinder es una de las aplicaciones de moda que las personas utilizan para conocer a alguien por internet y encontrar el amor, cuenta con 50 millones de usuarios activos.

Tinder tiene un funcionamiento bastante simple. Aparecen fotografías de personas a las que se puede dar me gusta o no me gusta. Después, si una de las personas que nos ha gustado ve nuestras fotografías y también le gustan, se produce un emparejamiento (match). A partir de ese momento, esas dos personas pueden empezar a comunicarse a través de mensajes de texto.

El centro de la filosofía de la aplicación son las primeras impresiones, porque la información que se ofrece más allá de la imagen es muy reducida.

La aplicación ha despertado todo el fenómeno de buscar pareja desde el móvil, aunque no es inmune a los engaños. Recientemente ha modificado sus funciones con el Superlike, y su modelo Premium con el que nos permite deshacer decisiones erróneas hace que el usuario pague más o menos dependiendo de su edad.

La población en general expresa gran aceptación por el online dating. Cifras entregadas por Statista indican que tan sólo en Estados Unidos, el 85 por ciento de los habitantes considera que el online dating ya es “socialmente aceptado”, mientras que el 45 por ciento de la población global afirma que ha conocido a su pareja actual gracias al internet.

La tendencia no sólo está reconfigurado un aspecto cultural clave en la sociedad, sino que además pone sobre la mesa nuevas fuentes de data, mismas que al tiempo que crecen en penetración y tamaño, lo hacen en valor al concentrar información de los usuarios precisa sobre aspectos que incluso trascienden a sus gustos personales al momento de elegir pareja.

Más allá de la polémica que, en más de un sentido, estas aplicaciones generan, lo cierto es que ahora podrían representar un grave riesgo para el bienestar del sector empresarial. La seguridad corporativa es la principal preocupación.

Las conclusiones de un reciente estudio entregado por Kaspersky Lab indican que del total de las personas que utilizan apps de citas, el 11 por ciento son empresarios o jefes de empresas y 20 por ciento gerentes de medio nivel.

Lejos de lo representativa que pueda ser dicha participación, lo realmente interesante es considerar que 24 por ciento de estos líderes empresariales comparte datos sobre su trabajo o “secretos comerciales” sobre su organización en estas plataformas. La cifra es menor al 12 por ciento promedio que se registra entre el global de usuarios.

Además de que esta práctica deja al descubierto información confidencial que es accesible para el resto de los usuarios en línea, tiene el potencial para resultar en consecuencias más series. El espionaje corporativo es una posibilidad así como mayores riesgos de ser víctimas de ciberataques como malware, spyware o ransomware.

Lo que está en juego no puede verse como algo menor, toda vez que este tipo de plataformas son altamente vulnerables a hackeos para obtener información de sus usuarios. Historias de extorsiones y violaciones a la confidencialidad de los usuarios han sido constantes.

A mediados de este año, fue reportado el robo de más de 40 mil fotografías de usuarios  de Tinder, las cuales circularon por un breve lapso en internet, luego de que fueron cargadas a una herramienta de inteligencia artificial de Google llamada Kaggle, que sirve para hacer experimentos de reconocimiento facial.

El problema es evidente. Juniper Research y Cybersecurity Ventures estiman que los daños causados por los crímenes informáticos ascenderán a 6 mil millones de dólares en 2021.

Controlar lo que se comparte y no en el terreno online hoy tiene un significado más allá de cuidar la marca personal. Tanto consumidores y marcas como delincuentes entienden el valor que los datos tienen en los nuevos esquemas económicos. Hacer caso omiso a esta realidad sería poner en manos de cualquier desconocido las ventajas competitivas de una organización.